Correr no es un juego.

Un muerto, cuatro corredores ingresados en la UCI del Hospital Donostia y 15 en observación en urgencias. Es el triste balance de una mítica carrera, la Behobia-San Sebastián.

Los datos ponen los pelos de punta, si bien fueron un total de 34.000 personas las que se lanzaron a correr los 20 kilómetros de distancia que separan el barrio Irunés de Behobia y la capital guipuzcoana a casi 30 grados.

La muerte de ese corredor ha abierto, inevitablemente, el debate sobre la preparación de quienes acuden a este tipo de eventos populares. Y ante el más que evidente ‘boom’ en torno en este deporte cabe preguntarse, ¿estamos perdiendo el respeto a correr?, ¿cualquiera puede participar en una carrera sea de la distancia que sea?

1. Correr no siempre significa salud

Parece evidente que hacer ejercicio es bueno para nuestra salud. Nos ayuda a perder unos kilos de más, a estar ágiles, a eliminar grasa de nuestro organismo, a prevenir enfermedades… Sin embargo, salir a correr y tener salud no siempre van de la mano.

Cuando buscamos rendimiento, cuando buscamos conseguir una determinada marca en una carrera, sometemos el cuerpo a un estrés que difícilmente es compatible con la salud. Hacer una tirada de 30 kilómetros para preparar una maratón o poner nuestro corazón a 190 o 200 pulsaciones difícilmente puede ser compatible con una actividad saludable. Y, sin embargo, es hacia donde se encaminan la inmensa mayoría de los corredores populares.

Correr para encontrarnos mejor, para estar más saludables, se ha convertido en una auténtica batalla por superarse a uno mismo y, siempre que se pueda, a los demás. Queremos ir un paso más allá. Correr no uno, sino cinco maratones al año. Qué digo, queremos correr ultramaratones, y maratones de ultramaratones. No importa si hasta hace apenas unos meses nos pasábamos los días, las semanas o los meses tirados ante un sofá. Vamos a pasar de cero a 100 en un abrir y cerrar de ojos y vamos a convertirnos en la envidia de los demás.

FUENTE: EL CONFIDENCIAL