Pequeños cambios que cuentan mucho para mejorar la alimentación.

Un tomate en el desayuno (aunque en realidad es un fruto), unos bastones de zanahoria para picar a media mañana, una guarnición de judías salteadas en la comida, unas hojas de rúcula para la tostada de la merienda, una ensalada o una sopa de hortalizas variadas para cenar… Y así todos los días, cambiando los ingredientes.

En la nevera y en la despensa no pueden faltar diferentes tipos de verduras para asegurarnos de que las añadiremos en cada comida. En batido, en crema, salteadas, al horno o a la plancha. Nuestras comidas serán más ligeras y se llenarán de vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes.

¿No tienes tiempo? No importa

La falta de tiempo está a la orden del día, pero este 2017 dejará de ser una excusa. No hace falta más tiempo para comer de forma saludable, solo llenar la cesta de la compra con alimentos frescos en lugar de industriales, y realizar preparaciones sencillas.

Se tarda casi lo mismo en cocinar de forma sana, al wok, a la plancha, al vapor o al horno, que en calentar un precocinado. Como ya pudimos ver en las mejores recetas de tupper para llevar a la oficina.

Hay algunos ingredientes que nos ayudarán a preparar una comida saludable, en apenas cinco minutos: lechugas limpias y cortadas, verduras para hacer al vapor al microondas, conservas de vegetales y pescados, arroz integral cocinado, legumbres cocidas y sobre todo cualquier alimento fresco que podamos preparar en un momento en la plancha o incluso comer crudo.

Un bocadillo con un pan integral de calidad, algún vegetal (pepino, lechuga, canónigos…), una proteína (queso, caballa, tofu…) y una grasa saludable como el aguacate o el aceite de oliva virgen extra, siempre será una mejor opción que una alternativa industrial con exceso de azúcar, sal y grasas hidrogenadas.

Siguiendo estas pautas, que se basan esencialmente en comer más alimentos frescos y añadir verduras a todos nuestros platos, conseguiremos mejorar la alimentación. Para necesidades más específicas, podemos consultar a un especialista en nutrición, que nos preparará un programa nutricional personalizado completo.

 

Comer fruta, y no la sociabilidad, es el factor clave que ha agrandado el cerebro de los primates

El tamaño del cerebro de los primates viene determinado por la dieta y la obtención de alimentos, más que por los factores sociales, según ha revelado un estudio de antropólogos de la Universidad de Nueva York (NYU) publicado en la revista Nature. Estos resultados ponen en entredicho la llamada hipótesis del «cerebro social», que planteaba que el cerebro de los humanos, y de los simios en general, era grande debido a factores sociales.

Además, el descubrimiento refuerza la idea de que la diferencia entre el cerebro de los humanos y el resto de primates radica no en la socialización sino en la alimentación y en la manera de conseguir los alimentos. El profesor del departamento de antropología de la NYU y coautor del estudio, James Higham, ha explicado que tradicionalmente el pensamiento dominante ha sido que «los humanos y demás antropoides tienen el cerebro grande debido a la presión social y a la necesidad de tener que pensar para relacionarse».

El descubrimiento refuerza la idea de que la diferencia entre el cerebro de los humanos y el resto de primates radica no en la socialización sino en la alimentación.

Pero, su investigación echa por tierra esa argumentación y apunta «a otros factores, especialmente a la dieta», como determinantes en el desarrollo del cerebro.
«Además, las complejas estrategias de búsqueda de alimento, las estructuras sociales y las habilidades cognitivas también han influido en la evolución del seso de los primates», añadió otro de los autores, el profesor Alex DeCasien. «De todos modos, si la pregunta es qué factor es más determinante, los sociales o la dieta, nuestro estudio sugiere que la dieta«, agrega.

Comer fruta y hojas

En esta nueva investigación, los autores han examinado más de 140 especies de primates -más del triple que estudios previos- y han incorporado datos evolutivos más recientes de árboles, o filogenias. Tuvieron en cuenta el consumo de alimentos entre las especies estudiadas -folívoros (hojas), frugívoros (fruíferos), frugívoros/folívoros y omnívoros (adición de proteínas animales)- así como varias medidas de socialidad, como tamaño de grupo, sistema social y sistema de apareamiento.

Sus resultados muestran que el tamaño del cerebro se predice por la dieta en lugar de por las diversas medidas de la sociabilidad, después de controlar el tamaño corporal y la filogenia. Cabe destacar que los frugívoros y los frugívoros/folívoros exhiben cerebros significativamente mayores que los folívoros y, en menor medida, los omnívoros muestran cerebros significativamente más grandes que los folívoros.

La clave: la obtención del alimento

Los investigadores advierten que los resultados no revelan una asociación entre el tamaño del cerebro y el consumo de frutas o proteínas en un nivel dentro de la especie. Más bien, señalan los autores, son evidencia de las demandas cognitivas requeridas por las diferentes especies para obtener ciertos alimentos.

«La fruta es más parca en el espacio y el tiempo en el medio ambiente, y su consumo, a menudo, implica la extracción de lugares difíciles de alcanzar o de pieles de protección -observa DeCasien-. Juntos, estos factores pueden llevar a la necesidad de relativamente mayor complejidad cognitiva y flexibilidad en especies frugívoras».

Agencias: EFE, El mundo